6 abr. 2013





Apareces 

La vida es cierta 

El olor de la lluvia es cierto 
La lluvia te hace nacer 
Y golpear a mi puerta 
Oh árbol 
Y la ciudad el mar que navegaste 
Y la noche se abren a tu paso 
Y el corazón vuelve de lejos a asomarse 
Hasta llegar a tu frente 
Y verte como la magia resplandeciente 
Montaña de oro o de nieve 
Con el humo fabuloso de tu cabellera 
Con las bestias nocturnas en los ojos 
Y tu cuerpo de rescoldo 
Con la noche que riegas a pedazos 
Con los bloques de noche que caen de tus manos 
Con el silencio que prende a tu llegada 
Con el trastorno y el oleaje 
Con el vaivén de las casas 
Y el oscilar de luces y la sombra más dura 
Y tus palabras de avenida fluvial 
Tan pronto llegas y te fuiste 
Y quieres poner a flote mi vida 
Y sólo preparas mi muerte 
Y la muerte de esperar 
Y el morir de verte lejos 
Y los silencios y el esperar el tiempo 
Para vivir cuando llegas 
Y me rodeas de sombra 
Y me haces luminoso 
Y me sumerges en el mar fosforescente donde acaece tu estar 
Y donde sólo dialogamos tú y mi noción oscura y pavorosa de tu ser 
Estrella desprendiéndose en el Apocalipsis 
Entre bramidos de tigres y lágrimas 
De gozo y gemir eterno y eterno 
Solazarse en el aire rarificado 
En que quiero aprisionarte 
Y rodar por la pendiente de tu cuerpo 
Hasta tus pies centelleantes 
Hasta tus pies de constelaciones gemelas 
En la noche terrestre 
Que te sigue encadenada y muda 
Enredadera de tu sangre 
Sosteniendo la flor de tu cabeza de cristal moreno 
Acuario encerrando planetas y caudas 
Y la potencia que hace que el mundo siga en pie y guarde el equilibrio de los mares 
Y tu cerebro de materia luminosa 
Y mi adhesión sin fin y el amor que nace sin cesar 
Y te envuelve 
Y que tus pies transitan 
Abriendo huellas indelebles 
Donde puede leerse la historia del mundo 
Y el porvenir del universo 
Y ese ligarse luminoso de mi vida 
A tu existencia. 


César Moro 
























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