24 abr 2012


De pronto vuelvo 
a la noche
con mis zapatos de agua.

Me desnudo
en el lento
ejercicio de mis manos
y busco
solamente
un objeto mío,
un pequeño barco,
un cometa,
un circo de inventadas cosas,
figuras cotidianas,
tuyas y mías,
que amo.

Pero sé
que de pronto
me vuelvo inaccesible
y vuelvo a ser silencio
y llama oscura,
donde mi barco
se escapa de tu orilla.

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Mía Gallegos








23 abr 2012

22 abr 2012


"La risa ella sola ha cavado más túneles útiles que todas las lágrimas de la tierra."


Julio Cortázar









21 abr 2012


Que la vida no vaya más allá de tus brazos.
Que yo pueda caber con mi verso en tus brazos,
que tus brazos me ciñan entera y temblorosa
sin que afuera se queden ni mi sol ni mi sombra.
Que me sean tus brazos horizonte y camino,
camino breve, y único horizonte de carne;
que la vida no vaya más allá.
¡Que la muerte se parezca 
a esta muerte caliente de tus brazos!

 

Dulce Maria Loynaz




20 abr 2012


"La soledad, el sentimiento y conocimiento de que uno está solo, excluido del mundo, no es una característica exclusivamente mexicana. Todos los hombres, en algún momento de sus vidas, se sienten solos. Y lo están. Vivir es separarse de lo que fuimos para acercarnos a lo que seremos en el futuro. La soledad es el hecho más profundo de la condición humana."



Octavio Paz








19 abr 2012




En fin
que no he vivido nada.
No sé qué cosa es una guerra
y tengo como prisión al cuerpo
y alma como campo de batalla.

Me debato entre la duda
de reflexionar o fluir;
esto es situarse en el palco de los espectadores,
o estar en cada íntimo instante del milagro.

Vivo de pedacitos,
pero aspiro a la totalidad,
es decir a Mozart y al poema que me redima
y me revele los espacios absolutos
y la nada.

Percibo de mí
los sitios más secretos:
la culpa,
una tercera conciencia de las cosas,
la dualidad del pensamiento,
la ira pequeña
por lo que ya ocurrió.
Pero he vivido poco. Treinta años.
Dos amores de piel
y un querer abandonar
esta espera que me señala la vida.

Anhelo la anarquía,
el más tierno desorden del amor,
la cábala
los relojes de arena y una habitación sencilla.

Quiero tener un destino trazado de antemano,
encontrarme con Dios
y los abismos
y no tener conciencia de la llama.
Ser la llama misma y la aventura.

Pero vengo de soledades últimas,
de conversaciones que nunca concluyeron,
de espejos que me miraron desde la infancia hasta ahora,
de abandonados armarios de caoba que fueron
de tías o de abuelas remotísimas.

Cuán poco he vivido.
No conozco la guerra. Y tampoco la paz.
Me duele la orfandad,
el desarraigo,
el sentirme extranjera en cualquier sitio,
el no pertenecer
a una familia o a una patria.

No puedo narrar una batalla;
ni hablar del hambre y de la peste,
ni escribir la canción de algún soldado herido,
ni hablar de mujer violada,
ni decir cómo es un cementerio después de una llovizna.

Pero anhelo decir en el poema
que la vida me conmueve,
que respiro mejor cuando me entrego,
que necesito amar de la manera más simple y primitiva.
Me gusta la paz y la defiendo
y la guerra cuando es justa,
y el sabor de las mandarinas cuando llega el verano,
que me gusta ser una y arraigarme en el cosmos,
y sentir que mi vida palpita al mismo tiempo que la vida,
aunque no haya vivido,
aunque mi hambre sea de infinito,
aunque no sepa expresar
que por alguna razón precisa estoy aquí,
a punto de vencer,
a punto de morir,
de vivir.








Mía Gallegos 

















18 abr 2012





Esta es una palabra que usamos para tapar
agujeros. Tiene el tamaño exacto de esos acalorantes
baches del discurso, de esos espacios
con forma de corazón rojo en la página, que nada se parecen
a corazones de verdad. Ponele un moño
y podés venderla.
Incluso la insertamos en el único
casillero vacío del formulario impreso
sin instrucciones. Hay revistas enteras
sin mucho más adentro
que la palabra amor, te la podés
frotar en todo el cuerpo y
usarla también para cocinar ¿Cómo saber
que no es lo que le sigue a las heladas
orgías de las babosas bajo
los cartones mojados? En cuanto a los brotes
de maleza que asoman sus morros prepotentes
entre las lechugas, la gritan.
¡Amor! ¡Amor! cantan los soldados, alzando
sus sables lustrosos como saludo.

Después estamos
nosotros dos. Esta palabra
nos queda demasiado corta, tiene sólo
cuatro letras, muy poco
para llenar esos dos hondos vacíos
desnudos entre las estrellas
que nos aplastan con su sordera.
No es el amor en lo que no queremos caer
sino en ese miedo.
Esta palabra no es suficiente pero tendrá
que ser. Es una sola
vocal en este silencio
metálico, una boca que dice
una y otra vez oh, con dolor
y con asombro, una respiración, un dedo
aferrado a la cornisa. Podés
agarrarte o dejarte caer.


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This is a word we use to plug
holes with. It's the right size for those warm
blanks in speech, for those red heart-
shaped vacancies on the page that look nothing
like real hearts. Add lace
and you can sell
it. We insert it also in the one empty
space on the printed form
that comes with no instructions. There are whole
magazines with not much in them
but the word love, you can
rub it all over your body and you
can cook with it too. How do we know
it isn't what goes on at the cool
debaucheries of slugs under damp
pieces of cardboard? As for the weed-
seedlings nosing their tough snouts up
among the lettuces, they shout it.
Love! Love! sing the soldiers, raising
their glittering knives in salute.

Then there's the two
of us. This word
is far too short for us, it has only
four letters, too sparse
to fill those deep bare
vacuums between the stars
that press on us with their deafness.
It's not love we don't wish
to fall into, but that fear.
this word is not enough but it will
have to do. It's a single
vowel in this metallic
silence, a mouth that says
O again and again in wonder
and pain, a breath, a finger
grip on a cliffside. You can
hold on or let go.




 Margaret Atwood

Versiones en castellano de Sandra Toro