5 nov. 2012



El estío, cansado, inclina la cabeza 
para verse surgir, amarillo, del lago. 
Hago mi camino cansado y polvoriento 
por las alamedas en penumbra. 
El viento titubea y corre entre los álamos. 
A mis espaldas, el cielo empieza a enrojecer. 
Delante de mí tengo el miedo de la noche. 
Y crepúsculo. Y muerte. 
Hago mi camino cansado y polvoriento,
y detenida y dudosa queda tras de mí 
la juventud, que baja su hermosa cabeza 
y se niega a acompañarme.




Huida de la juventud
Herman Hesse















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