19 mar 2012


"Pensé en la arrogancia vanidosa y desmedida del hombre, que se atreve a pensar que con sus espurias maquinaciones, además de provocar un cruel derramamiento de sangre, es capaz de alterar hasta las leyes eternas que rigen el mundo. No; es más probable que el ser humano sea simplemente víctima de las fuerzas del universo, y que las radiaciones cósmicas que en la naturaleza cambian las estaciones, también generen pasiones en la naturaleza humana. Creía en ello de alguna forma, aunque no supiera explicarlo: con ingenua confianza, trataba de atribuir la responsabilidad de los acontecimientos nefastos a las fuerzas del universo, como si me encontrase ante algún tribunal supremo y tuviera que justificar, con balbuceo y pretextos, las tremendas acusaciones que se vertían contra el género humano por destruirse a sí mismo. El hombre es mero juguete de fuerzas y voluntades cuya verdadera naturaleza desconocemos, títere de pasiones que vibran más allá del entendimiento humano, pensaba amargamente. Sin duda el espectáculo de aquellas interminables lluvias navideñas me había deprimido. Llovía con tanta intensidad como si el mundo pecaminoso estuviera a punto de sufrir un nuevo diluvio: el arroyo que solía discurrir plácidamente delante del hotel, ahora galopaba hacia el valle convertido en una riada de espuma gris que arrastraba amasijos de nieve sucia en su sinuoso y empinado cauce. Los árboles parecían humear entre la niebla y la lluvia, y al hostelero rumano le preocupaba seriamente que ese día el caballito malhumorado no lograra subir hasta el hotel las provisiones para la cena navideña. Varios huéspedes se habían reunido ya a hora temprana en torno a las mesas del salón, pero aquella mañana el ambiente era tenso." 

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“Aquí concluye el manuscrito. Los demás efectos de Z. –sus enseres, sus libros, todas sus notas- quedaron en Lucerna. La guerra silenció su legado.
No se sabe si entre sus cosas había alguna composición musical aún no estrenada. En los últimos años, el mundo sólo ha escuchado partituras muy distintas, unas partituras terribles; nadie tenía tiempo de preocuparse por el destino de una improbable partitura extraviada. Tal vez haya lectores que lean esta historia como la última composición de un músico, en la que la melodía importa más que la letra. Y está bien que así sea, pues, aunque la melodía nunca tiene un “significado”, lo dice todo, todo lo que no puede decirse con palabras”.

 

Fragmentos de La Hermana-Sándor Márai 












2 comentarios:

  1. A esto me refiero cuando hablo de Buen Contenido en internet. Sitios como este son los que me motivan a seguir buscando. Me interiorizaré más en el contenido para poder dejar comentarios concretos y objetivos respecto a ello. Un saludo, me encanta tu dedicación a este blog.

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    1. ¡¡Millones, pero millones de GRACIAS!!

      ¡¡Es un placer dedicarle tiempo, es mi lugar de expresión!!

      =)

      Saludos,

      Nina.

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