12 sept. 2012



Yo no aspiro a que me babeen la tumba de lugares comunes,
ya que lo único realmente interesante es el mecanismo de sentir y de pensar.
¡Prueba de la existencia!

Lo, cotidiano, sin embargo,
¿No es manifestación  admirable y modesta de lo absurdo?
Y cortar las amarras lógicas
¿No implica la única y verdadera posibilidad de aventura?
Porque no ser pueriles, ya que sentimos el cansancio
¿De repetir los gestos de los que hace 70 años están bajo la tierra?
Y ¿Cuál sería la razón de no admitir cualquier probabilidad de rejuvenecimiento?
 ¿No podríamos atribuirle, por ejemplo, todas las responsabilidades a
un fetiche perfecto y omnisciente, y tener fe en la plegaria  
o en la blasfemia, en el albur del aburrimiento paradisíaco o en la
 voluptuosidad de condenarnos?
¿Qué nos impediría usar las virtudes y los vicios como si
fueran ropa limpia, convenir en que el amor es un narcótico
para el uso exclusivo de imbéciles y ser capaces de pasar
junto a la felicidad haciéndonos los distraídos?

Yo, al menos, en mi simpatía por la contradicción
-sinónimo de vida- no renuncio ni a mi derecho de renunciar,
 y tiro mis veinte poemas, como una piedra, sonriendo ante la
inutilidad de mi gesto.



Oliverio Girondo







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