22 mar. 2012



La mariposa volotea
y arde —con el sol— a veces.

Mancha volante y llamarada, 

ahora se queda parada 
sobre una hoja que la mece.

Me decían: —No tienes nada.

No estás enfermo. Te parece.

Yo tampoco decía nada.

Y pasó el tiempo de las mieses.

Hoy una mano de congoja

llena de otoño el horizonte.
Y hasta de mi alma caen hojas.

Me decían: —No tienes nada.

No estás enfermo. Te parece.

Era la hora de las espigas. 

El sol, ahora, 
convalece.

Todo se va en la vida, amigos.

Se va o perece.

Se va la mano que te induce. 

Se va o perece.

Se va la rosa que desates.

También la boca que te bese.

El agua, la sombra y el vaso.

Se va o perece.

Pasó la hora de las espigas.

El sol, ahora, convalece.

Su lengua tibia me rodea.

También me dice: —Te parece.

La mariposa volotea,

revolotea,
y desaparece.

 

Mariposa De Otoño 
Pablo Neruda












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