15 feb. 2012



Nuestro entusiasmo alentaba a estos días que corren
entre la multitud de la igualdad de los días.
Nuestra debilidad cifraba en ellos
nuestra última esperanza.
Pensábamos y el tiempo que no tendría precio
se nos iba pasando pobremente y estos son,
pues, los años venideros.
Todo lo íbamos a resolver ahora.
Teníamos la vida por delante.
Lo mejor era no precipitarse.





Enrique Lihn




5 comentarios:

  1. Lo que hay que hacer, hay que hacerlo ya.

    Puede que tu estés aquí mañana... pero (a lo peor) tus sueños no.

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  2. Lo mejor era no precipitarse...y sin embargo suena el eco del Carpe Diem,Carpe Diem...

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  3. No precipitarse es la filosofía más propicia para conseguir el triunfo. Muy bueno. Un abrazo.

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